Paternofilia

Eché raíces y no hallo riego,
y ahora soy árbol caído,
hoja de otoño, flor de invierno.
En este gélido infierno
tengo un retoño y solo le pido
que nunca pise el mismo suelo.

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2017

Mi abuela decía que el comienzo de las cosas determina el final. Si algo empieza bien, acaba bien. Si algo empieza mal, acaba mal. Joder, era una abuela no una filósofa.

Mi 2017 empieza aproximadamente a las nueve de la mañana, sin resaca ni sueño. Me tomo un café y entre tosido y tosido consigo terminarme el primer cigarro del año, que fumo mas por aburrimiento que por deseo. Tengo el firme propósito de salir a dar una vuelta en bici. Salgo a la terraza y el clima es desalentador: mucho frío y un cielo lleno de nubes grises. A pesar de ello, empujado por el hastío y el tedio, cumplo con diligencia mi primer propósito del año. En ese interregno ambivalente de poesía y causalidad, mi comienzo de año se me antoja un fiel retrato de mi vida.

No hay ningún alma montando en bici, solo yo. Solo yo. Y mira que siempre hay gente montando en bici por aquí. Es normal. La gente aún esta durmiendo. O aún esta despierta. Además es uno de enero, es día para otros menesteres. Con esto quiero decir que la soledad puede ser algo mas que un estado. Estoy solo aquí en la bici, porque anoche estaba solo en el cambio de año. Y anoche estaba solo porque no tengo familia. Y no tengo familia porque… y así puedo deconstruir una larga cadena de circunstancias que se remontan en su origen a una bola de fuego apagándose y a un caldo primigenio en el cual surge una primera y solitaria célula viva que lo primero que hace, es buscar a otra como ella. Que no os engañen: Estar solo puede ser bueno, serlo no.

Te pido disculpas por romper la tónica alegre y optimista del resto de tus felicitaciones con este relato sinero y realista, si es que has tenido curiosidad como para leer hasta aquí. No pretendo desahogarme o aleccionar, ni lanzar un mensaje pesimista. Tengo la firme esperanza de que las cosas no van a terminar como empezaron. Porque soy la prueba empírica de que mi abuela se equivocó muchas veces. Porque mi historia y tu historia y la historia del caldo primigenio nos demuestran que sabemos como empiezan las cosas, pero no como terminan.

Y ante esta incertidumbre universal solo quiero desearte una cosa: ¡No te rindas nunca! Estas vivo porque aquella primera célula acabó encontrando a otra.

Feliz 2017 !!!!!!

Coplas de Colibrí quebrado.

I
Me han quitado el limonero,
y me han dejado de recuerdo
los limones.
Es el tiempo traicionero
quien me roba en desacuerdo,
sus sabores.
No negaré ningún hecho
a los jueces que me acusen
con razones,
si en mi cadáver maltrecho
los gusanos solo comen
mis cojones.
II
Dejadme a mí las palabras
y el lamento, y los juicios
y perdones.
Que en esta etapa macabra,
resuenen en mi solsticio
los pendones
de esas últimas trompetas
que acontecen, sine qua non,
al gran juicio.
Y someten las facetas
del que ha cambiado su canon
por desquicio.
III
Cuanto tiempo ha de pasar,
cuanto tiempo ya ha pasado.
Y aun persiste
la retorcida voluntad
de aquél que nada ha ganado
y aún resiste
la incólume tempestad
y el albedrío desdichado
que le embiste.
Y le ahoga la pupila
pues del llanto le hace preso.
Mas no es triste
el silencio que mutila
el recuerdo de los besos
que le diste.
Ignorante de su estado,
bajo un abrigo inseguro,
pues no siente
como se pierde el pasado,
como se pierde el futuro
y el presente.
IV
No somos qué, sino cómo.
Ni somos la voluntad,
sino el acto.
Y actuamos como plomo
esclavos de gravedad
y de un pacto
ante al que nadie responde.
A quien le importe lo que haga,
poco importa.
Ya que el cosmos siempre esconde
que la vida no es tan larga,
ni tan corta.
V
Mi desencanto repose,
me transforme cual misántropo,
sin prejuicios.
Que Antes quebrarán los dioses
la estructura de mis átomos,
que mis principios.
Me construyo el andamiaje
desde los bordes al centro
del abismo.
Y no tengo miedo al viaje,
pues solo aguardo un reencuentro:
con mí mismo.