Hipocresía política

” Si no lo he matado yo. Lo ha matado la bala”

El  fuego de la venganza

 

Desgraciadamente, por el título de la entrada, no parece que vaya a contar nada nuevo. Sin embargo, dentro de todo el vertedero de la política nacional, he encontrado algo que me toca especialmente la moral, sobretodo ahora que sigue tan de moda la sensibilización de la violencia doméstica. Vulgarmente conocido como machismo.

El ayuntamiento de Sevilla multará a los clientes de las prostitutas. La medida, obviamente, es para erradicar la lacra de la prostitución. Según dice la noticia, el alcalde (socialista) de Sevilla afirma que es un negocio de explotación sexual próximo a la violencia de género. Y tiene razón.  Está próximo, pero por encima. Porque son muchas mas las mujeres chantejeadas, violadas, apaleadas diariamente y puestas en la calle a vender su cuerpo por un dinero del que con suerte, solo verán una pequeña parte.

Esta audaz medida seguramente logre su objetivo de forma muy eficiente solo con una condición: que se haga cumplir la normativa. Que se desplacen cientos de policías hacia todos los lugares donde se ofertan estas mujeres.

Claro, perseguir, encarcelar e impedir que las mafias, nacionales y extranjeras, prostituyan a mujeres en contra de su voluntad, proteger y ayudar a esas chicas a las que han torturado y secuestrado a sus hijos… Eso ya es harina de otro costal. Eso ya implica gastar dinero, no recaudarlo.

 

 

Anuncios

La vida del padre moderno

Aquí estoy de nuevo, en este blog que ya casi se podría considerar de publicación trimestral, para decir que sigo vivo (que no es poco) y que no he olvidado mi espejo, aunque eso si, no he encontrado muchas ocasiones para mirarlo.

Jacobo ya nació. El 3 de octubre a las 10:00 de la mañana.  Nació con una cabeza de tipo “Alien”, amelonizada exprofeso para salir por ese estrecho

ejemplo de cabeza de alien

ejemplo de cabeza de alien

pero superdilatado conducto que, demostrando la condición paradójica de la existencia humana y de la ley de la acción-reacción, provocó tanto dolor a la madre en su salida como placer a la entrada.

Nació sano y lloró tal como explicó Shakespeare. Pesó 3.200 gr y ostentó en su llegada al mundo unos cojones de proporciones bíblicas que nada tendrían que envidar a los ampliamente famosos órganos reproductores de la progenie archidonesca, que por desgracia para nuestro orgullo parental no eran tal, sino una acumulación de líquidos muy frecuentes en los neonatos. Come mucho, esta muy gordo y le queremos mucho.

Por lo demas he de añadir que la canción es la misma desde hace milenios: el niño no solo llora porque tenga hambre, sino porque básicamente es lo único que sabe hacer. Y tiene que hacer algo. Es un llanto estridente, cansino y duradero. No sirve de nada tu pelotita anti-stress. El único uso que se te ocurre es incrustárselo en la boca para que si al menos no se calle, amortigüe su sonido.

Quizá alguien se pregunte ¿estará hablando en serio? ¡es su propio hijo! Estoy hablando completamente en serio. En esos momentos, que pueden abarcar fácilmente 26 horas al dia durante las primeras semanas, el hecho de que ese ser frágil e improductivo sea tu hijo solo es una cualidad irrelevante que no aporta ninguna solución a la ira y la desesperación que invade cada esquina de tu cuerpo. La angustiosa espera que supone la esperanza de que en algún momento, tarde o temprano se dormirá, solo es comparable a la que padecí esperando los estrenos en el cine de las películas del señor de los anillos. Y eso que lo digo yo, el padre, que afortunadamente está privado de ciertas y agotadoras funciones y queda relegado a la cómoda pero impotente posición de observar el espectáculo del tan conocido vínculo madre-hijo. Y mejor que sea así, pues ella es mas paciente que yo para estos menesteres.

Sigue leyendo