Fábulas

Graciela era muy morena. No muy alta. Corta melena y labios carnosos. Siempre tenia una sonrisa en la cara y una ilusión en su corazón: Deseaba ser bailarina. Amaba el baile y desde muy pequeña ya había mostrado interés por la disciplina. Cuentan sus padres, en nostálgicos recuerdos del pasado, que ya desde la cuna parecía moverse al compás de la música que sonaba desde el tocadiscos. Cuando tenia 10 años, recorría todas las tardes el malecón y se acercaba a los soportales de los clubs, desde los que llegaban los lejanos acordes de los mambos, cha-cha-cha, merengue y demás variedad musical del caribe. No portaba ninguna muñeca, ni ninguna amiga con la que jugar a la pelota o la comba. Bailaba y bailaba hasta que se hacia de noche.

En una de aquellas ocasiones conoció a Ludmilla, una anciana y amable mujer originaria de Santa Clara. Ludmilla se quedó fascinada con la ilusión y el fuerte de deseo de Graciela y, desinteresadamente, le enseñó durante tres años todo lo que ella sabia, pues de joven ejerció de bailarina. Graciela tenia dieciséis años y todas las tardes salia corriendo de la escuela y atravesaba la Habana para llegar a la casa de Ludmilla en El vedado y poder seguir sus lecciones. Con el tiempo, comenzó a apreciar el ballet clásico y cada día que transcurría tenia mas seguro de que quería ser una bailarina. La primera vez que escuchó “El lago de los cisnes” de Tchaikovsky su corazón se embriagó y comprendió de que por mucho “clave” que bailara, si realmente quería usar su cuerpo como medio de expresión de emociones innombrables, tendría que ser en un teatro.

Se preparó intensamente para una entrevista con el director de la compañía de ballet nacional de Cuba, (llamada la Compañía Alicia Alonso antes de la revolución) que Ludmilla, y no sin cierto esfuerzo, le había conseguido. Cuando llegó el momento, Graciela, aunque nerviosa, mantuvo la integridad y la confianza. Aquel hombre, vestido con caros atuendos, tenia un gesto amable pero inquisitivo. Le hizo una serie de preguntas sencillas. “¿Porque quieres ser bailarina?” “¿Que es lo que mas te gusta?” y le pidió una pequeña demostración con el fin de determinar si realmente Graciela poseía las aptitudes necesarias para ser una bailarina. Apenas transcurrieron unos minutos de baile cuando el hombre, indiferente, sentenció:

-Lo siento. No tienes el talento necesario.

El mundo se derrumbaba. La realidad chorreaba y las paredes se deshacían como si fuesen de helado. El estómago de Graciela comenzó a pesar mas y mas. Y aunque unas lágrimas luchaban por escapar de sus ojos, esa mezcla soporífera de rabia y dolor paralizó prácticamente todo su cuerpo. Se dio la vuelta y se marchó a su casa, sin consciencia, como si fuese un acto reflejo. Llegó a su habitación, sin saludar a sus padres, y arrojó con violencia sus manoletinas contra la pared pasando toda aquella tarde llorando.

Con el tiempo superó la frustración de haber visto caer todos sus sueños y todos aquellos años en los que invirtió su ilusión y su esfuerzo. Con el tiempo las heridas se cerraron, comprendiendo que las quimeras no siempre se cumplen y que la ciudad esta repleta de personas que arrastran consigo los ataúdes de sus sueños. No pasaron muchos meses cuando conoció a Adrián, un apuesto muchacho español en exilio del que se acabaría enamorando. Consiguió un puesto de dependienta en una tienda y se casó con Adrian, trayendo al mundo dos nuevas almas. Graciela disfrutó de su familia, y aprendió a vivir en la humildad, apreciando esos pequeños detalles que realmente dan la felicidad. Aunque siempre conservaría una cicatriz y en los días de soledad, con los críos en la escuela y la tienda vacía, resucitaba el dolor de aquello que siempre quiso ser y no pudo.

Muchos años después llegó a la tienda un hombre octogenario, vestido con elegantes atuendos y, cuando escuchó su voz melosa, Graciela reconoció casi al instante a aquel director de la compañía de ballet. Le recordó aquella entrevista antaña y le comentó que, después de tanto tiempo, sentía curiosidad en saber que habia visto, en que había fallado, para que en tan poco tiempo hubiese podido averiguar que ella no tenia talento para ser bailarina.

-No vi nada. Te dije lo mismo que le digo a todos los candidatos.

Esbozos…

-Sigo haciendo algo mal, porque la ropa que lavo, HUELE MAL.

-Este finde se me antojó muy tristón a pesar de que me lo pasé bastante bien (Cosas del clima…)

-Un paraíso: Un porrito con Beethoven.

-Hay sueños que casi es mejor no tenerlos.

-De repente un tío me envía muchos correos con powerpoints y chorraditas, y no tengo ni idea de quien es.

-No he estado de vacaciones, sino de descanso estratégico.

-Gabi vuelve a cantar… ¡¡¡enhorabuena cohones!!!

-Como me fastidia que me llame”niño” una cría de 17 años…

-Vaya puta mierda la Ilife08. El imovie es una castaña, el garage band no encuentro diferencias con la anterior version (y me ha pisado muchos samples) y el iphoto… tampoco ha cambiado tanto…

(Mauro entrialgo)

A fuego lento

Lamento la posible pedantería, pero necesito compartir estas palabras… digamos que hoy me encuentro… “Acongojade”

 

 

 

RECETA:

 

Tres raciones de esperanza, amor para mil personas y mucho, mucho cariño.

Sin orgullo, que es muy agrio y una pizca de indiferencia. ¡Y no lo re-ahogues!

Intenta colar el miedo, que a veces cuaja. Y échale de vez en cuando un “te quiero”.

Cocínalo a fuego lento, en el horno de la perseverancia.

Y sírvelo en bandeja de plata, aliñado con el tiempo.

No fue tu cuerpo lo que abrazaba,

ni los besos que me silencias.

Mientras yacíamos en mi cama

lo que abrazaba, fue tu ausencia.

Y lloro, ¡que extraño llanto!

Lloro… ¡y canto!

El universo conspira y a él me arraigo,

en un lugar donde no distingo bien

si me elevo, o me caigo.

Y me insinúas “A fuego lento…”

Dímelo claramente, ¡pídeme que te espere!

Te esperaré eternamente, hasta que la eternidad me exaspere.

No quisiera ser yo,

ahogo de tus anhelos,

mordaza de tus ilusiones,

látigo de tus angustias.

Solo quiero comprenderte,

acompañarte, hallar

la mejor forma de amarte.

No quiero cruzar la línea.

¡ni tampoco quiero alejarme!

Ser tu cómplice, expectante.

Solo pido que me ayudes.

Que me ayudes a ayudarte.

Ha ayudarte sin pedir ayuda.

A ignorar todos los miedos

que desde tu pasado saludan.

Sé que buscas un amor

entre dudas y temores,

¡Sé que tienes mas opciones!

Yo…, he escuchado un rumor:

que todavía no has elegido.

Hasta entonces, por favor…

sigue durmiendo conmigo.

Que perderte, no te miento:

no lo niego, no me cuesta.

No escarmiento y por eso,

justamente no lo quiero.

¿Me vas a obligar a perderte

sin saber lo que te pierdes?

¿debo sucumbir al amor en pena?

Porque escucho en tus entrañas

la sombra de una esperanza

que me susurra: Espera…

Verdades como puños…

“Si Hitler levantara la cabeza… ¡Los judíos haciendo la guerra y los alemanes negocios!

“Que mundo… la penicilina se descubrió por casualidad, el napalm no”

“No solo los pobres entrarán en el cielo, si no que ademas posiblemente lo harán antes”

“Un fanático es un individuo que tiene la razón aunque no tenga la razón.”

“Gracias a la guerra no solo podemos morir por nuestros ideales, sino que ademas podemos morir por los ideales de otro”

“Lo peor no fue que lo que nos dijeron del comunismo era mentira, sino que lo que nos dijeron del capitalismo era verdad”

Joan Perich

Agosto

Este texto se lo dedico a Irene y a Julito. Compañeros de fortunas. Creo.

Agosto te confisca las entrañas, y no es por el calor. Como una tormenta, te las agita sin descanso y elabora un cocktail jocoso de sabores impredecibles para disfrutar después en la calma que prosigue. En agosto, el tiempo parece transcurrir de forma distinta, las casualidades se intensifican, dejando entrever algunos de esos misterios que el universo encierra. Y con la luna como supervisora, la brisa acaricia tu piel y te susurra… En agosto, la semilla del amor germina fértil e ineludible. Y no es por el calor. El tedio (que se transforma en tranquilidad) te enfoca y te dirige la mirada a la única persona que importa. En agosto la ciudad huye y se vacía, y en la soledad encuentras tu grácil compañía. Agosto te vuelve loco y no es por el calor. Agosto te sumerge en el mar de las preguntas, y como un naúfrago, navegas presa de la fuerza de las circunstancias. En agosto el día es mas largo y la noche parece eterna. Y sucumbes a los encantos y a la ilusión. Las quimeras se hacen realidad. En agosto, tienes suerte. El sudor se mezcla con el frío, el miedo con la confianza. Agosto te calienta… y no es por el calor. Y cuando Agosto termine, clamarás al cielo que el primero de septiembre sea el trigésimo segundo de agosto y el segundo de septiembre el trigésimo tercero y así… Eternamente. Porque en agosto, no empieza un nuevo año. Empieza una nueva vida.