Pedazos

Solo soy una férrea estructura de ideas compuesta por frágiles pedazos de amor.

 

 

Aquí están los pedazos, de regreso al calor de la forja. Tupidos, caramelizados, vestidos con la fragancia de la desazón. Escondidos a la luz del día bajo la sombra de tu duda esquiva. Aquí están los pedazos. Enterrados con descaro desacierto, como el cofre de un pirata en el desierto, cual nenúfar posado en el pantano. Se sostienen suspendidos en el vacuo intermedio de una distancia interestelar, cosechados, uno a uno, noche a noche, del calor de tu ausencia en el lecho. Arrancados del incólume arrebato de la impaciencia. Tentando cada palmo de prosaica entrega. Aquí están los pedazos incansables, que una vez fueron uno. Rotos no, separados. Deconstruídos lentamente. Esperando.

Aquí están los pedazos. Custodiados por ángeles indemnes que pelean enfrascados en la lucha milenaria contra el devenir de los tiempos. Son los pétalos de la flor que deshojo a la vera de Caronte. Los pedazos son mi obsequio, mi pretérita ofrenda, mi apuesta contra el cosmos. Envuelta como un regalo con el papel mojado de mi piel sedienta. Son los diezmos de los dioses por el milagro de tu presencia. Son los pulmones que respiran tu existencia.  Son el contorno de tu cuerpo, las esquirlas de tu alma. Como escamas desprendidas del vello ya extinguido, que mudan y mudan y mudan. Como fragmentos escindidos de la luna. Como un reloj despiezado que mide cada segundo el tiempo de tu distancia. Aquí están mis pedazos.

Tu cariño es el nexo infuso, la argamasa que compila esta extraña arquitectura. La fragua donde se funden la calma y la agonía y dan sosiego y fortaleza a mis deudas y favores. Es la espada que cercena mis fantasmales pavores. Es la meta, la recompensa y la razón de mi existencia. Es el cordón visceral que me conecta al infinito.

 

Aquí están los pedazos, en este jardín desvencijado repleto de pasado y futuro. Son todo tuyos, para que los unas como juzgues oportuno.

Anuncios