Entras al metro de Madrid, decir que todo esta lleno de mierda es una exageración para algunos acertada. Las papeleras, desbordadas, empiezan a usar el suelo de alrededor como almacenaje. Las esquinas son nuevos basureros improvisados. Y poco mas. Con el paso del tiempo, la situación empeorará. La razón es que los servicios de limpieza del metro están en huelga. El motivo es el de siempre, la vieja historia: mejorar sus condiciones laborales. Exigencias que la patronal califica de “exageradas” cómo no.
El héroe de esta historia, es nuestro gran conocido Lamela. Conserje de transportes de Madrid desde Junio de este año. El brazo privatizador de Espe. Ya hizo fama y gloria cargándose la sanidad pública o despidiendo al responsable de Urgencias del hospital de Leganés, el salmantino Luis Montes, por una falsa acusación anónima de eutanasia masiva. Ahora le toca el turno a la consejería de transportes. Su incompetencia se reconoce por el escándalo perpetuo que parece acompañarle. Donde va, triunfa.
Mientras, camino del trabajo, escucho los pitidos que vaticinan un nuevo y escalofriante comunicado del metro de Madrid. Sin embargo esta vez no es una de las habituales cortes de servicio. Te solicitan que “seas limpio”. Es un mensaje pulcro, honrado, como si la administracion del Metro de Madrid fuese una victima mas de esta terrible situación.
No me he molestado en informarme sobre las exigencias de los sindicatos, porque lo único que conseguiría seria cabrearme mas. Conozco de sobra el mezquino modus operandi de Lamela. Una persona capaz de dejar sin laboratorios a los hospitales para ahorrar, no me quiero imaginar en que condiciones trabajaran los pobres subcontratados de la oficina de la escoba.
Y viajo por el metro, y escucho a personas opinando, quejándose, ultrajando a los trabajadores y defendiendo al humilde gobierno que se despelleja por nuestra comodidad. Espe ganará las elecciones y Lamela destruirá alguna otra consejería cuando haya acabado con los transportes. El lobo cuida del rebaño y a los ciudadanos, que parecen presas del síndrome de estocolmo, les da por brindar con su enemigo y apostar en su propia contra. Efectos secundarios de la navidad



Ese anticipo, que a veces podia constar hasta de horas, se convirtió en una tortura. En mas de una ocasión no me levanté a la hora señalada, y rápidamente el agobio hacia presa de mí y despavorido, agarraba el gallo mecánico en busca de la hora para confirmar si me había quedado dormido o aun me quedaba tiempo de sueño pendiente.






